jueves, 1 de mayo de 2008

Introducción Crónica del Humo

Se repetía como un dejavú; tres de tres; La tercera vez en menos de quince días que entraba a la oficina antes de mi horario de ingreso al trabajo y la tercera vez que encuentro a alguno de los empleados sentado en un sillón, indignado, mientras observaba y escuchaba mediante el monitor de la PC la pagina de “TN en vivo”, que transmitía sin interrupciones desde un nuevo accidente en cadena en la ruta 9, una vez más a causa de la neblina. Para colmo, somos una empresa de turismo, y todo accidente donde hay micros involucrados, nos afecta. No comemos vidrio, eso era humo; ya los campesinos y los chóferes se exasperaron alguna vez, pero los pastizales se siguieron quemando sin ningún tipo de sobresaltos, por parte de aquellos que solo buscan un progreso económico plantando soja.

Determiné en ese instante que una nueva semana agitada comenzaba. Hubiera sido una como tantas otras, sino fuera por esa densa neblina que comenzaba a acompañarnos muy lentamente, pasando a ser parte de nuestra vida.

De un momento a otro logramos comprender que ya acompañaba nuestras mañanas, nuestras tardes…y hasta nuestras noches. Logramos comprender también, que no era algo momentáneo.

Las horas contaminadas pasaban como vagones de un tren que nunca terminaba, como un rezo que nunca era correspondido. Hemos sufrido situaciones peores, pero esta era gratuita, totalmente inmerecida, injusta, inicua, arbitraria, sin sentido, fuera de lugar.

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